En vistas del probable agotamiento de los combustibles fósiles, los países más poderosos del mundo ya están estudiando cuál será el paso a seguir de aquí a unos 30 años. Lejos de buscar alternativas energéticas de producción local (eólica, solar, nuclear…) e invertir en proyectos de eficiencia energética, lo que se debate en las altas esferas es el control sobre los últimos recursos fósiles que quedarán en unas cuantas décadas, los que se encuentran en las profundidades marinas. O al menos esto se desprende de las recientes peticiones de varios países de aumentar sus territorios de ultramar y de las urgencias de EEUU para firmar el Tratado de la Ley del Mar de Naciones Unidas.
El orígen de estas peticiones comenzó en la convención de Naciones Unidas de 1982 donde se establecieron las bases para crear una ley para regular la soberanía sobre la superficie del fondo marino y por consiguiente sobre los recursos que éste posee. El tratado permitiría a los países con costas aumentar su superficie continental más allá de las 200 millas náuticas que ahora están estipuladas. Ésta distancia se podría ampliar como máximo hasta 350 millas desde la costa sin sobrepasar las 100 millas desde el punto en que la profundidad llega a los 2500 metros. Por aquel entonces, el presidente norteamericano Reagan no quiso firmar el tratado por vulnerar el ideal del mercado libre ya que el tratado establecía que la extracción de estos recursos debería conllevar el pago de una tasa a la ONU y a la vez parte de las ganancias deberían ser distribuidas a los países subdesarrollados. Lógicamente ni Reagan ni Clinton quisieron firmar tal despropósito, véase la ironía.
El avance en las técnicas de extracción de petróleo y gas indican que en un futuro no muy lejano será perfectamente viable la extracción de estos fósiles líquidos a grandes profundidades oceánicas. Pero no es solo la energía lo que está en disputa, en las zonas donde se juntan las placas tectónicas continentales, los riffs oceánicos, se producen grandes cantidades de minerales. Al salir el magma directamente al mar y solidificarse rápidamente se generan minerales como oro, cobre, plata y zinc. Su extracción es bastante difícil pero no se descarta que en un futuro no sea viable.
El hecho es que el pasado 13 de mayo terminó el plazo para presentar informes alegando qué partes del fondo marino pertenecían a qué país. La lista de países que han presentado informes científicos es larga: España, Reino Unido, Irlanda, China, Vietnam, Malasia, Tanzania… Otros países como Canadá o Dinamarca tienen un poco más de margen ya que firmaron el tratado más tarde. El caso de EEUU es más complicado ya que no ha ratificado el tratado y en teoría tendrá 10 años desde su firma para alegar cualquier soberanía. El problema es que para cuando lo haga, muchas zonas ya habrán sido adjudicadas. Es por esto que la administración Bush intentó sin éxito conseguir los votos del senado para firmar el tratado. Ahora se especula si Obama pretenderá firmarlo o no.

Zonas reclamadas o posibles reclamaciones. Fuente: the economist
Hasta el momento, ya han empezado las primeras disputas. La más ferviente se espera entre Argentina y Reino Unido, ambos países alegan la soberanía de la zona cercana a las Falkland o Malvinas. Francia, por otro lado, no ha dudado en usar todas sus pequeñas islas esparcidas por el mundo para reclamar una desproporción de territorio, sus reclamaciones van desde las perdidas islas Kirguelen cerca de la antártida hasta las pequeñas St Pierre y Miquelon justo en frente de Terranova. Esta última zona también entra lógicamente en los planes de Canadá. China y Corea del Sur ambicionan parte del mar de la China. Otras disputas en esta zona incluyen Taiwán, Malasia, Vietnam y las Filipinas. España pide parte del Mar céltico y la zona relacionada con el Golfo de Vizcaya, algo que también pretenden obtener tanto Francia como Irlanda y Reino Unido.
Sin embargo el mayor foco de disputa se espera en el océano ártico donde tanto Rusia como Noruega, Dinamarca a través de Groenlandia y Canadá esperan obtener control sobre la zona. El cambio climático podría descubrir zonas con grandes cantidades de crudo lo cual ha despertado a los EEUU ya que a través de Alaska podría reclamar parte del pastel.

Zonas reclamadas o posibles reclamaciones en la zona del Ártico. Fuente: the economist
Será interesante seguir como evolucionan las discusiones y quién se lleva el gato al agua en cada una de las disputas, algo que va a resultar difícil debido a la falta de información que nos llega sobre este asunto. O bien el tema no interesa, o no interesa que se sepa.
Fuentes:
[1] The Economist. Suddenly, a wider world below the waterline
[2] The Economist. The unplumbed riches of the deep
[3] The Economist. Squaring off for a sea bed scrap
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Energía, Politica energético, fondo marino, petroleo

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